Cambiando de colegio, cambiando la mirada

Estamos en pleno proceso de cambio de colegio con mi hija, desde su colegio actual de enseñanza tradicional a uno con enfoque Montessori. No es un cambio menor. Ella tiene condición TEA + altas capacidades —lo que se conoce como “doble excepcionalidad”.

Después de conversaciones, diagnósticos e informes de psicólogas y neurólogas, en el colegio actual no encontramos eco alguno. No hubo intento real de entenderla ni de adaptarse a su manera de aprender o de sentir. Incluso ofrecimos, como papá y mamá psicólogos, hacer charlas, encuentros con profesores, y un trabajo conjunto para generar un diseño pedagógico que realmente integrara a mi hija. No pasó nada.

Eso nos cansó, nos agotó, pero también nos empujó.

En medio de esta búsqueda nos encontramos con un colegio con enfoque Montessori. Nos sorprendió. No solo por su método, sino por su lógica tan simple y tan olvidada: adaptar la educación al niño o la niña, y no al revés. Los materiales, el espacio, los tiempos… todo pensado para que el aprendizaje fluya desde la curiosidad natural que todos tenemos. María Montessori entendió eso hace más de un siglo: que los niños no necesitan que les “metamos” conocimiento, sino que les dejemos espacio y lugar para su curiosidad innata por descubrirlo.

Leí algo sobre la vida de María Montessori y entendí que no era solo teoría. Fue una de las primeras médicas en Italia, en una época en que eso ya era una batalla. Trabajó con niños con discapacidades, observó, tomó notas, diseñó materiales y descubrió que el aprendizaje y la creatividad brotan cuando hay libertad y estructura a la vez. Fundó su primera “Casa deiBambini” en un barrio humilde de Roma, y desde ahí empezó una revolución silenciosa que todavía hace sentido hoy.

De hecho, me enteré de que Jean Piaget —considerado un pilar histórico de la psicología y la educación moderna— fue discípulo de María Montessori y trabajó en un colegio Montessori. Pero la historia de la psicología, hasta cierto punto, la escribieron los hombres.

No sé si quedaremos seleccionados en el colegio al que postulamos. No depende del todo de nosotros. Pero este proceso ya me cambió la mirada. Me hizo repensar qué entendemos por educación y cuánto de eso se sostiene en casa.

Hace poco tomé una decisión importante: renuncié a mi cargo como director de Psicología en la UST. Quería estar más cerca del desarrollo de mi hija, en un momento complejo: la preadolescencia. No fue fácil ni romántico. Fue una mezcla de miedo y necesidad emocional. Pero me di cuenta de algo que suena obvio y que igual cuesta practicar: el soporte emocional y cotidiano que damos los padres y madres en los momentos críticos del desarrollo no lo reemplaza ningún colegio, por bueno que sea.

Vivimos en una cultura en la que los padres y madres encargamos casi todo a la escuela. De hecho, es algo abrumador pensar que, para que podamos trabajar, los niños pasan jornadas tremendamente extensas en el colegio. No fue mi experiencia, y no me fue nada mal en la entonces PAA. Pero a veces siento que la cultura actual espera que todos los valores y la formación del conocimiento se denen el colegio. Pero si lo que se vive en casa no conversa con lo que se enseña afuera, nada se vuelve en la vida del niño/a realmente coherente.

El colegiodebería ser visto como una extensión del hogar o un complemento, pero no un sustituto.

Por eso, junto a un grupo de académicos, psiquiatras y psicólogas/os —todos con familiares cercanos con algún grado de neurodiversidad o alguna neurodiveresidad propia—, creamos la Fundación Santa Sophia, para acompañar a otras familias que están en procesos parecidos.

Si te pasa o te ha pasado algo de esto, cuéntame.

Si buscas orientación en algún ámbito de la neurodiversidad, o si quieren invitarnos a charlas, coloquios o alguna forma de compartir experiencias, escríbanme.
No cobramos nada por ese tipo de actividades.

Solo nos interesa compartir la experiencia y los aprendizajes que estamos teniendo, investigar y formar conocimiento que pueda ayudar a niñas, niños, jóvenes, adultos y familias que estén en contextos de neurodiversidad.

Que tengan un buen día.

Dr. Pedro Salinas Quintana

Fundación Santa Sophia

contacto@fundacionsantasophia.org

pjsalinas@ug.uchile.cl

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